—Su hija es muy dramática, señor Mondragón.
Alejandro volteó lentamente.
—Vuelve a hablar de mi hija y tu apellido no vuelve a entrar a ningún consejo, banco ni proyecto donde yo tenga voz.
Nicolás tragó saliva.
En ese momento entró Héctor con dos hombres de seguridad. Detrás apareció Sara Villalobos, empapada por la lluvia, con un portafolio en la mano y furia en los ojos.
Revisó los documentos.
—Esto intenta activar una evaluación mental de una menor sin consentimiento completo. Es ilegal y depredador.
Renata alzó la voz.
—¡Yo sólo estaba protegiendo a mi familia!
Entonces Valentina apareció en la escalera, pálida pero de pie. Maricela iba detrás de ella.
—Valentina, vuelve a tu cuarto —ordenó Renata.
—No.