Alejandro tomó uno de los documentos de la mesa. Ahí estaba el nombre de Valentina, su número de fideicomiso, cláusulas sobre “inestabilidad emocional” y transferencia temporal de derechos.
—Tiene dieciséis años —dijo él.
Renata endureció la mirada.
—Y se comporta como una amenaza para esta familia.
—No. Tú la convertiste en una.
El salón murmuró.
Javier Beltrán intentó intervenir.
—Alejandro, estás alterado. Hablemos en privado.
—No. En esta casa ya hubo demasiadas cosas privadas.
Nicolás soltó una risa.