PARTE 1
A las 9:17 p. m., en el Gran Hotel Reforma de la Ciudad de México, Mariana Alcázar entró al vestíbulo principal con sus gemelos de cuatro meses en brazos.
El lugar resplandecía como si nadie allí supiera lo que era dormir dos horas seguidas.
Grandes candelabros, camareros con bandejas de plata, mujeres con vestidos de diseñador y hombres charlando sobre inversiones como si el mundo les perteneciera.
Mariana no llevaba un vestido nuevo.
Artículos relacionados