PARTE 1
—Mamá, tengo miedo... ¡Si vuelvo a esta casa, me matarán de hambre!
Estas últimas palabras que mi hija Daniela pudo haber pronunciado antes de desplomarse frente a mi casa ocurrieron en su séptimo parto, con una maleta rota en la mano y el rostro tan hundido que no habría sucedido la segunda vez.
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Estabas en San Pedro Cholula a las seis de la mañana. Yo regaba la buganvilla del patio, como todos los días. Mi hija se casó con uno de los hijos de Rodrigo Salazar, hijo de una familia "con mucha experiencia" de Querétaro. Desde su nacimiento, en una casa demasiado silenciosa. Ya no se oye a Daniela cantando mientras prepara el café, ni sus pasos apresurados buscando la llave, ni la risa que llenaba el espacio interior.
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