15 meses después del divorcio, ella llamó a su exesposo para revelarle que tenían un hijo secreto… 20 minutos después, un capo de la mafia aterrizó en helicóptero en la azotea del hospital.

15 meses después del divorcio, ella llamó a su exesposo para revelarle que tenían un hijo secreto… 20 minutos después, un capo de la mafia aterrizó en helicóptero en la azotea del hospital.

—Yo tenía 12 años. Mi padre dijo que no era hereditario.

—¿Y le creíste?

—A esa edad uno cree lo que necesita para sobrevivir.

El doctor los interrumpió.

—Necesitamos expedientes. Si hay una terapia específica, puede ayudar al niño.

Mateo hizo 2 llamadas. En menos de 10 minutos, clínicas privadas de Monterrey y Madrid estaban buscando archivos viejos de la familia Santillán.

Entonces entró uno de sus hombres.

—Patrón, encontramos el coche de doña Rosario.

Valeria se quedó inmóvil.

Doña Rosario había sido la nana de Mateo. También era la anciana que vivía frente al departamento de Valeria y siempre regaba bugambilias en el balcón.

—¿Rosario me estaba vigilando? —preguntó ella.

Mateo no contestó.

Eso fue suficiente.

—¿Desde cuándo?

—Desde que tenías 5 meses de embarazo.

Valeria sintió náuseas.

—Me dejaste sola, pero mandaste a alguien a mirarme.

—Creí que era protección.

—No. Era control con otro nombre.

El hombre dejó un celular dentro de una bolsa transparente.

—Estaba bajo el asiento. Tiene un video programado.

Mateo lo reprodujo.

Rosario apareció en una habitación oscura, pálida pero viva.

—Valeria, no fue tu culpa —dijo en la grabación—. El jarabe que le diste a Emiliano fue cambiado en la farmacia. No querían matarlo. Querían obligarte a llevarlo al hospital para confirmar quién era su padre.

Valeria se llevó las manos a la boca.

Ella le había dado ese jarabe.

Dos veces.

La voz de Rosario tembló.

—Hay una solicitud falsa para modificar el acta de nacimiento. Quieren poner otro padre antes de que Mateo pueda reconocerlo.

Mateo quedó helado.

—¿Quién?

La grabación continuó:

—No confíen en Tomás Arriaga.

Valeria sintió un golpe en el pecho.

Tomás era el abogado que había llevado su divorcio.

El hombre que le decía que Mateo no debía saber nada.

El hombre que la llamó 1 mes antes para preguntarle si el acta de Emiliano seguía sin padre.

En ese momento, Clara Beltrán apareció al final del pasillo.

Ya no parecía nerviosa.

Llevaba una gabardina negra y hablaba con 2 hombres que no eran médicos.

Mateo la vio.

—Tú no trabajas aquí.

Clara levantó la mirada.

—No con ese nombre.

Sacó una identificación federal.