15 meses después del divorcio, ella llamó a su exesposo para revelarle que tenían un hijo secreto… 20 minutos después, un capo de la mafia aterrizó en helicóptero en la azotea del hospital.

15 meses después del divorcio, ella llamó a su exesposo para revelarle que tenían un hijo secreto… 20 minutos después, un capo de la mafia aterrizó en helicóptero en la azotea del hospital.

—Soy la agente Clara Beltrán, Fiscalía Especial contra Lavado de Dinero.

Valeria dio un paso atrás.

—¿Me usaron como carnada?

La agente no respondió.

Y entonces sonó la alarma en la sala de Emiliano.

PARTE 3

Valeria corrió antes de que alguien pudiera detenerla.

Dentro de la sala pediátrica, las enfermeras rodeaban la cama de Emiliano. El monitor pitaba con rapidez. El doctor Lara daba instrucciones sin levantar la voz.

—Tiene otro pico de fiebre. Necesito solución fría, control de temperatura y repetir estudios.

—¿Está respirando? —gritó Valeria.

—Sí. Pero necesito espacio.

Mateo llegó detrás de ella. Esta vez no ordenó nada. No llamó a nadie. No empujó puertas.

Solo tomó la mano de Valeria.

Ella quiso apartarse por orgullo.

Luego escuchó el llanto débil de su hijo.

Y se aferró a él.

Pasaron 12 minutos que parecieron 12 años. Finalmente, los números del monitor empezaron a bajar.

El doctor Lara se quitó los guantes.

—Está estable.

Valeria casi se dobló.

Mateo la sostuvo.

—Los archivos de la madre del señor Santillán llegaron —continuó el doctor—. Hay una terapia plaquetaria que podría ayudar si confirmamos el trastorno. Pero necesitamos hablar con alguien que conozca el caso original.

Mateo se quedó rígido.

—Mi madre murió.

La agente Clara miró a Rosario, que acababa de entrar escoltada por federales. Estaba cansada, pero viva.

Rosario bajó la mirada.

—No, Mateo. Tu madre no murió.

El silencio fue absoluto.

Mateo soltó lentamente la mano de Valeria.

—¿Qué dijiste?

—Isabel Santillán está en este hospital. Piso 8. Entró con otro nombre hace 3 días.

Valeria vio cómo el rostro de Mateo perdía color.

El hombre más temido de Jalisco parecía de pronto un niño abandonado.

Subieron por un elevador privado. Frente a la habitación 814 había 2 agentes federales. La puerta se abrió.

Una mujer de cabello plateado estaba sentada junto a la ventana.

Mateo no pudo moverse.

—Hijo —susurró ella.

Él apretó los puños.

—Yo estuve en tu entierro.

—Enterraron un ataúd vacío.

—¿Por qué?

Isabel cerró los ojos.