Se pusieron de acuerdo en una sola frase. Solo una. Si Valeria seguía en peligro, tenía que decirlo, aunque todos la estuvieran mirando.
Valeria tragó saliva.
"La cena no salió como Mauricio quería".
Claudia cerró los ojos un instante. Al abrirlos, ya no parecía una policía escuchando otra versión de los hechos. Parecía alguien que había venido a tender una trampa.
Un policía se interpuso entre Mauricio y Valeria. Otro agente separó a Teresa de Ernesto.
Mauricio empezó a protestar.
"¿Qué haces? Está mintiendo. Pregúntales a mis padres".
Claudia sacó su teléfono.
"Buena idea", dijo. "Veamos qué pasó".
Un video comenzó a reproducirse en la cocina.
Primero, la voz de Mauricio:
"Aprenderás a no servirme carne quemada".
Luego, el grito de Valeria.
Luego, la risa de Teresa:
"Ya es hora de que aprenda cuál es su lugar".
Y de fondo, el televisor subió de volumen, ahogando los sollozos.
El rostro de Teresa palideció. Ernesto abrió la boca, pero no dijo nada. Mauricio se abalanzó sobre el teléfono de Claudia.
No tuvo tiempo de tocarlo.
Dos policías lo inmovilizaron contra el refrigerador y lo esposaron.
—¡Esa grabación es ilegal! —gritó Teresa.
—No cuando la víctima está en su propia casa documentando la agresión —respondió Claudia.
Mauricio forcejeaba, enrojecido por la rabia.
—¡Esta casa es mía! ¡Esta cámara es mía! ¡Todo aquí es mío!
Valeria levantó la vista, pálida y temblorosa, con la mano envuelta en un paño manchado.
—No, Mauricio —dijo—. Él nunca lo fue.
Y por primera vez desde que lo conoció, vio algo real en sus ojos.
Pánico.
Porque la policía aún no sabía lo peor.
Pero él empezaba a imaginárselo.
PARTE 3
La ambulancia llegó cuatro minutos después.
Mientras el paramédico le quitaba con cuidado la tela pegada a la piel, Valeria no apartaba la vista de la isla de mármol. No miraba a Mauricio, que gritaba desde la puerta. Ni a Teresa, que llamaba a sus "importantes" amigas. Ni a Ernesto, que seguía diciendo que todo era un malentendido.
Se quedó mirando ese pequeño punto negro debajo del mostrador.
Durante meses, esa cocina había sido el escenario de su humillación. Esa noche, se convirtió en testigo.
En el hospital de Puebla, los médicos confirmaron quemaduras profundas en la mano y tres dedos. Le dieron medicamentos, analgésicos y vendajes especiales. El médico le explicó que necesitaría terapia para recuperar la movilidad completa.
Valeria no lloró al oír esto.
Lloró cuando Claudia se sentó junto a su cama y le dijo:
"No tienes que volver a esa casa".
Al amanecer, la fiscalía recibió una copia de seguridad completa de la grabación. Pero la grabación no solo mostraba la agresión. La cámara también captó a Mauricio ordenándole que limpiara la parrilla, destruyera su celular e inventara una historia. Teresa apareció, preparando la escena con el vino. Ernesto sugirió decir que Valeria estaba borracha.
Obstrucción a la justicia. Amenazas. Manipulación de pruebas.
Y los archivos más incriminatorios aún estaban por llegar.
Claudia abrió una carpeta en su computadora portátil y bajó la voz.
"Valeria, la cámara se activó por movimiento. Grabó varias conversaciones esta semana. ¿Sabías?"
"¿Que tu suegro y Mauricio transfirieron dinero de la constructora?"
Valeria cerró los dedos de su mano sana alrededor del papel.
"Lo sospechaba."
Claudia la miró atentamente.
"También se menciona una hipoteca sobre la casa. Tu suegra menciona tu firma."
Valeria sintió frío, a pesar de las vendas calientes.