El silencio en la habitación era tan denso que solo se oía el pitido de los monitores.
Mi madre abrió la boca, pero no emitió ningún sonido.
—¿Claire... tiene una hemorragia interna? —susurró mi padre.
No respondí de inmediato. Ya me estaba poniendo los guantes.
—Sí —dije con frialdad—. Y si no la operan de inmediato, no sobrevivirá.
Siguiente»»