A veces las personas no se alejan porque no aman, sino porque tienen miedo.
Sin embargo, el amor verdadero no se demuestra con promesas ni con discursos perfectos. Se demuestra con presencia, compromiso y acciones constantes.
También aprendemos que las heridas pueden sanar cuando existe arrepentimiento genuino, esfuerzo real y voluntad de cambiar.
Porque las cosas rotas no siempre están destinadas a terminar. Algunas pueden reconstruirse con paciencia, valentía y amor. Y cuando eso ocurre, pueden volverse más fuertes y más hermosas que antes