—La casa lo arreglará todo —susurró—. En cambio, casi destruyo la única casa que de verdad importaba.
Entonces me fijé en su vientre plano.
—¿Embarazada?
El rostro de Renee se ensombreció.
—Nunca lo estuve.
Abrió la cremallera de su bolso, sacó la barriga de espuma que había estado escondiendo y la sostuvo entre nosotras.
—Debería habértelo dicho.