El límite definitivo
—Mañana desocupan mi departamento. Dejo de mantenerlos. No me importa que no tengan dinero. Son adultos. Aprendan a asumir las consecuencias de sus actos.
Nadie volvió a reír.
A lo lejos comenzaron a escucharse sirenas.
—Van a lamentar profundamente haberme tratado así —dijo con calma.
Esta vez no había temblor en su voz.
Solo dignidad.