PARTE 2: Dos agentes vestidos de civil aparecieron desde el pasillo con sus placas abiertas.
Detrás de ellos entró una mujer de la unidad de atención a violencia familiar, la misma licenciada que 3 días antes había recibido a Sofía en un módulo discreto de la Fiscalía, cuando ella se presentó con lentes oscuros y el nombre falso de “S. Robles”.
Alejandro dejó de sonreír.
El cuchillo del pastel quedó suspendido en su mano.
—¿Qué demonios es esto? —preguntó.
Nadie le contestó de inmediato.
Uno de los agentes se agachó junto a Teresa, que seguía intentando abrir el gabinete del bote de basura. La mujer manoteó como si pudiera detenerlo, pero otro oficial la sujetó del brazo.
—No toque eso, señora.
—¡Es basura de mi casa! —gritó Teresa.
—No es su casa —dijo Sofía desde el patio, con una voz que apenas reconoció como suya.
Todos voltearon a verla.