El millonario volvió a casa temprano… entonces la criada susurró: “Guarde silencio, señor. Necesita ver esto ahora mismo.”

—Debiste avisar. Habríamos preparado algo.

—Ya veo que preparaste bastante.

Alejandro tomó uno de los documentos de la mesa. Ahí estaba el nombre de Valentina, su número de fideicomiso, cláusulas sobre “inestabilidad emocional” y transferencia temporal de derechos.

—Tiene dieciséis años —dijo él.

Renata endureció la mirada.

—Y se comporta como una amenaza para esta familia.

—No. Tú la convertiste en una.

El salón murmuró.