-El Error Que Delató Al Esposo Que Encerró A Su Mujer Embarazada-felicia

No vuelvas a hablarle.

No le creas nada.

Ese hombre solo quiere arruinarnos.

Esa noche, el hombre que supuestamente quería arruinarlos estaba revisando una entrega atrasada cuando escuchó un sonido que no pertenecía al edificio.

Primero fue un golpe.

Después otro.

Luego un grito apenas audible, amortiguado por metal y distancia.

Pudo haberlo ignorado.

A esas horas, los edificios industriales hacen ruidos extraños.

Compresores.

Tuberías.

Montacargas detenidos.

Pero el tercer golpe tuvo ritmo humano.

Y el grito tuvo algo que los ruidos no tienen.

Desesperación.

El hombre salió al pasillo de servicio y siguió el sonido.

Cuando llegó a la puerta del congelador, vio el vidrio empañado desde dentro.

En la parte baja del cristal había una mano.

No golpeaba ya.

Solo estaba pegada ahí, temblando contra el frío.

Él se acercó y vio el rostro de Lena detrás de la escarcha.

Por un segundo, no pudo moverse.

Luego todo en él cambió.

—Lena —dijo contra el vidrio—. No te muevas.

Ella levantó la cabeza con una lentitud que lo asustó.

Sus ojos estaban rojos.

Su piel, demasiado pálida.

Una mano le cubría el vientre.

La otra resbalaba por el cristal, dejando una marca húmeda que se congelaba casi al instante.

El hombre no perdió tiempo intentando hacer promesas heroicas.

Llamó a emergencias.

Llamó a seguridad.

Golpeó la alarma manual del pasillo.

Luego revisó el panel electrónico.