Vanessa espetó: «Soy su madre».
Adrián le dijo a la enfermera que se fuera, pero ella se quedó. Ese fue su primer error.
El segundo fue tirar el expediente sobre mi cama.
El tercero fue pensar que estaba demasiado afectada para leerlo.
La firma era parecida a la mía, pero la fecha correspondía al fin de semana que pasé en Boston. El sello notarial era de Nevada. La cantidad ingresada —doscientos mil dólares— nunca llegó a ninguna de mis cuentas.
Dejé de luchar.