Un afecto nacido entre las ruinas de la guerra
Soldados estadounidenses cuidaron de los supervivientes. Gerda se encontraba en estado muy grave, por lo que fue hospitalizada.
Kurt la visitaba con frecuencia. Hablaban, compartían sus historias y, más tarde, comenzaron a cartearse. Poco a poco, surgió un sentimiento entre dos personas cuyas vidas habían estado marcadas por la guerra y el Holocausto.
En septiembre de 1945, Kurt le propuso matrimonio a Gerda.
El 18 de junio de 1946, se casaron en París. Ella llevaba un vestido blanco y él un uniforme militar.
Luego se mudaron a Buffalo, Nueva York. Kurt dirigía una imprenta y Gerda comenzó a escribir. Juntos criaron a tres hijos.
La supervivencia no fue el final de su historia
Gerda tomó una decisión que definiría el resto de su vida. Decidió que sobrevivir no era suficiente. Sentía una responsabilidad hacia su familia, sus amigos y todos aquellos que no habían sobrevivido.
Decidió contar su historia.
En 1957, publicó sus memorias, «Todo menos mi vida». El libro se convirtió en uno de los testimonios más conocidos del Holocausto y se reeditó numerosas veces.
Gerda dio charlas en escuelas, universidades y reuniones organizadas por diversas instituciones, incluidas las Naciones Unidas. No hablaba para ganarse la admiración. Consideraba su testimonio un deber para con aquellos a quienes se les había negado la oportunidad de contar sus propias historias.
Una película, un Óscar y un mensaje importante
En 1995, el documental «Una superviviente recuerda», sobre sus experiencias, ganó un Óscar.
Durante la ceremonia, Gerda recordó seis años viviendo en un mundo donde la victoria se encontraba en ganar un trozo de pan y sobrevivir un día más.
Sus palabras recordaron cuánto cambió el significado de las cosas más simples en el campo de concentración: la comida, el descanso, la bondad y el día siguiente.
En 2011, el presidente Barack Obama le otorgó a Gerda Weissmann Klein la Medalla Presidencial de la Libertad.
56 años juntos
Kurt Klein falleció en 2002. Gerda y Kurt compartieron 56 años de matrimonio.
Su historia comenzó a las puertas de una antigua fábrica, cuando un joven soldado trató a una prisionera devastada con el respeto que le habían negado durante años.
Gerda continuó hablando públicamente y compartiendo su testimonio. Recordaba a la gente que incluso el más pequeño acto de bondad puede devolverle la dignidad a otra persona.
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