PARTE 1
—Cásate conmigo hoy, sonríe para las fotos y mañana tu primera frase resonará en cada puerta.
Mariana escuchó estas palabras 18 minutos antes de entrar a la iglesia. Él llevaba un di spositivo blanco, su velo estaba sujeto con peinetas de perlas y su corazón latía con fuerza, como si fuera a salírsele del pecho.
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Estaba sola en una pequeña habitación junto a la iglesia de San Miguel Arcángel en Coyoacán. Afuera, los invitados susurraban emocionados, el patio olía a buganvillas y rosas blancas, y un cuarteto de cuerdas tocaba una marcha nupcial. Todo era perfecto.