3 días después de dar a luz, regresé a casa con mi hija recién nacida en brazos y descubrí que mi esposo había cambiado el código de la puerta principal. Luego supe que se había ido de vacaciones con su madre y su hermana, como si nosotras no existiéramos. Así que no dije nada. Y mientras ellos se relajaban junto al mar, vendí la casa que juraban que les pertenecía.

PARTE 1

El teclado de la puerta parpadeó en rojo como si la casa hubiera decidido borrarla de un solo golpe.

Mariana estaba parada bajo la lluvia, con 3 días de haber dado a luz, una herida de cesárea ardiéndole bajo la ropa y su bebé recién nacida dormida contra el pecho. A sus pies, una maleta del hospital se estaba empapando sobre la banqueta de aquella casa en San Jerónimo que ella misma había comprado, remodelado y pagado durante años.

Volvió a marcar el código.