PARTE 1
El teclado de la puerta parpadeó en rojo como si la casa hubiera decidido borrarla de un solo golpe.
Mariana estaba parada bajo la lluvia, con 3 días de haber dado a luz, una herida de cesárea ardiéndole bajo la ropa y su bebé recién nacida dormida contra el pecho. A sus pies, una maleta del hospital se estaba empapando sobre la banqueta de aquella casa en San Jerónimo que ella misma había comprado, remodelado y pagado durante años.
Volvió a marcar el código.