Tú.
—¿Qué pasa? —preguntó Doña Teresa.
Daniela golpeó el libro contra la mesa.
—Seguimos tu consejo. Dividimos los gastos. Mauricio paga y cocina para su familia. Yo pago y cocino para mí.
—Pero hay…
—¡Somos una familia!
—Entonces…
Tu hijo puede mantenerla. Ya no estoy obligada a pagar sus comidas.
Doña Teresa se sonrojó.