PARTE 2: Doña Graciela se desplomó como si las piernas le fallaran.
Por primera vez desde que Lucía la conocía, no había preparado ningún comentario hiriente. No había sarcasmo, ni sonrisa, ni rastro de ese tono de señora rica de Las Lomas que solía usar para hacer sentir inferiores a los demás.
El comandante Ocampo colocó la carpeta sobre la mesa de centro de la sala.
Dentro había copias del formulario de consentimiento para la transferencia, el informe del laboratorio, la autorización de descongelación y un informe preliminar sobre el análisis grafológico.
La firma al pie decía: Lucía M. Robles.
Solo que Lucía nunca había firmado ese documento.