El beneficiario final era un fideicomiso familiar.
Y uno de los beneficiarios era el hijo adulto del juez Saldaña.
Ramiro intentó recuperar el control.
—Su Señoría, esto es un espectáculo.
Mariana puso una segunda carpeta en la mesa.
—También existe una declaración en video de mi madre, grabada ante notario 5 días antes de su muerte. En ella me nombra sucesora del fideicomiso y me ordena cooperar con la Fiscalía si algo le pasaba.
La tía Beatriz susurró:
—¿Video?
Arturo volteó hacia ella.
—Cállate.
Ahí estaba el verdadero Arturo.
No el viudo elegante.
No el empresario respetado.
Un animal acorralado vestido de diseñador.
El juez Saldaña ya no sonreía.
—Señorita Rivas, ¿por qué no presentó esto antes?
Mariana respiró hondo.
—Porque quería que todos mintieran bajo protesta de decir verdad.
El silencio cayó pesado.
Mariana miró a su padre, a sus hermanos y luego al juez.
—Y porque 3 personas en esta sala presentaron declaraciones falsas ante este tribunal.
Mauricio murmuró desde atrás:
—No te atreverías.
Mariana sonrió por primera vez.
—No vine con valor. Vine con órdenes judiciales.
En ese momento, las puertas del fondo se abrieron.
Y la persona que entró hizo que Arturo se llevara una mano al pecho…