Quince horas de agonía absoluta, donde cada movimiento contaba.
El paciente llegó en estado muy delicado:
con el corazón debilitado, respiración irregular y una mejoría que parecía desvanecerse lentamente.
A pesar de esto, no nos rendimos.
En el quirófano, el tiempo parecía irreal.
No había distracciones posibles, ni solución en el mundo:
solo un equipo unido por una sola misión: salvar vidas.
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