Mis gemelos lloraban mientras la policía se llevaba esposada a su niñera. Mi esposa sonreía diciendo: “Le robó a esta familia”. Pero mis hijos no tenían miedo de los policías… tenían miedo de su propia madre.

Mis gemelos lloraban mientras la policía se llevaba esposada a su niñera. Mi esposa sonreía diciendo: “Le robó a esta familia”. Pero mis hijos no tenían miedo de los policías… tenían miedo de su propia madre.
PARTE 2: Rodrigo subió a los gemelos a su recámara y se quedó junto a ellos hasta que el cansancio pudo más que el miedo. Diego se durmió abrazado a un dinosaurio de peluche. Mateo no soltó la mano de su padre hasta que sus párpados se cerraron.
Cuando la casa quedó en silencio, Rodrigo caminó hacia su despacho.
No podía actuar por impulso. Valeria era inteligente, fría y sabía moverse entre abogados, empresarios y políticos. Si había sido capaz de montar una acusación falsa contra Lucía, también sería capaz de destruir cualquier prueba.
Rodrigo abrió la computadora y entró al sistema de seguridad de la casa.
Valeria administraba las cámaras principales, pero Rodrigo tenía un servidor privado en su despacho y en las áreas cercanas a la oficina, instalado por seguridad de la fundación médica que manejaba con sus clínicas.
Revisó la grabación de esa tarde.
Ahí estaba Lucía saliendo al jardín con los niños.
Cuatro minutos después, Valeria apareció en el pasillo de servicio. Miró hacia ambos lados, entró al cuarto de Lucía con una caja pequeña y salió 30 segundos después con las manos vacías.
Rodrigo apretó los puños.
Pero necesitaba saber por qué.
Lucía no era una amenaza para Valeria, al menos no en apariencia. Era discreta, trabajadora, cariñosa con los niños. Jamás se metía en asuntos de la familia.
A menos que hubiera visto algo.
Rodrigo revisó grabaciones de días anteriores.
Tres noches antes, una cámara del pasillo junto a la biblioteca mostró a Lucía entrando con una canasta de ropa limpia. Valeria no estaba. Su celular quedó sobre una mesa de lectura, con la pantalla encendida.
Lucía acomodó unas mantas. Entonces el teléfono vibró varias veces. Ella miró por accidente, se quedó inmóvil y retrocedió como si hubiera visto un fantasma.