Mi nieta creyó que mi edad era una debilidad. Mi hijo creyó que mi silencio era obediencia. Los dos olvidaron que una mujer que ha archivado la vida de todo un municipio sabe perfectamente dónde está cada verdad, cada firma y cada traición.
Y cuando alguien intenta sacarte de la casa que construye con amor, no siempre necesitas gritar.
A veces basta con abrir el archivo correcto.