A veces, por las tardes, abre la caja de madera de Tomás y leo sus cartas. Siempre termino en la misma frase, escrita con su letra firme: “Tere, una casa no vale por sus paredes, sino por la mujer que la defiende”.
Tenía razón.
A veces, por las tardes, abre la caja de madera de Tomás y leo sus cartas. Siempre termino en la misma frase, escrita con su letra firme: “Tere, una casa no vale por sus paredes, sino por la mujer que la defiende”.
Tenía razón.