PARTE 1
El sonido de la bofetada resonó con una violencia escalofriante en las paredes de la lujosa residencia en las Lomas de Chapultepec.
Camila, de apenas 32 años, cayó al suelo de mármol. El golpe le había volteado el rostro por completo, dejándole un ardor seco en la mejilla y un zumbido ensordecedor en el oído izquierdo.