Me quedé allí, con los ojos muy abiertos, intentando asimilar lo que estaba pasando. Mil preguntas me rondaban la cabeza, pero una destacó.
—Stan —dije lentamente—, ¿de dónde sacaste el dinero para todo esto? ¿El esmoquin, las flores y ese anillo?
—Creo que es hora de que te cuente la verdad —dijo, respirando hondo—. Verás, nunca te conté cómo me quedé sin hogar porque era demasiado complicado y podría haberte puesto en una situación difícil. Y amaba tanto nuestra vida juntos.
—Me quedé sin hogar porque mis hermanos decidieron deshacerse de mí y apoderarse de mi empresa —continuó—. Falsificaron documentos, falsificaron mis firmas e incluso robaron mi identidad. Un día, me dejaron en este pueblo, a kilómetros de casa. Cuando intenté acudir a la policía, movieron sus influencias y nunca recibí ayuda. Incluso sobornaron a mi