Le pidió a un desconocido que fingiera amarla para callar a su ex… y terminó abrazando al hombre que todo México temía

ADVERTISEMENT

Algunos invitados voltearon.

Renata quiso soltarlo.

—No sé bailar bien.

—No tienes que hacerlo perfecto. Solo tienes que dejar de encogerte.

Él la abrazó.

No con lástima.

No con distancia.

La abrazó como si ella tuviera derecho a ocupar todo el espacio que su cuerpo necesitara.

Renata sintió que se le quebraba algo por dentro.

—Me están viendo —susurró.

—Que vean.

—Mauricio se va a burlar.

—Entonces que se atragante con su propia risa.

Renata soltó una carcajada nerviosa.

Por primera vez en mucho tiempo, no se sintió ridícula.

Se sintió viva.

Pero la paz duró poco.

Mauricio caminó hacia ellos con una sonrisa torcida.

Bárbara venía detrás, fingiendo incomodidad mientras grababa con el celular escondido.

—Renata —dijo Mauricio—. Qué sorpresa. No sabía que ahora rentabas acompañantes.

Ella se puso rígida.

El desconocido no la soltó.

Solo giró despacio.

Y cuando Mauricio vio su rostro, la burla se le murió en la boca.

Se quedó blanco.

Blanco de verdad.

Como si acabara de reconocer a alguien que nadie sensato se atrevería a provocar.

—Señor… Beltrán —balbuceó.

Renata sintió un frío recorrerle la espalda.

Mauricio, el hombre que la humilló durante años, estaba temblando frente al desconocido que acababa de abrazarla.

Y entonces el salón entero guardó silencio.

PARTE 2:Para obtener más información,continúa en la página

PARTE 2

Damián Beltrán no hizo escándalo.

No empujó a Mauricio.

No amenazó.

Ni siquiera cambió el tono de voz.

Pero bastó con que levantara apenas la mirada para que Mauricio retrocediera medio paso.

—¿Tienes algo que decirle a la señorita? —preguntó Damián.