Le pidió a un desconocido que fingiera amarla para callar a su ex… y terminó abrazando al hombre que todo México temía

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Con Bárbara.

Y cuando Renata lo vio levantar la copa hacia ella con una sonrisa burlona, sintió que los 8 meses de terapia, esfuerzo y silencio se le caían al piso.

Por eso tomó al primer hombre que tuvo cerca.

Un desconocido de traje negro.

Él no reaccionó de inmediato.

Solo miró la mano de Renata sobre su brazo.

Era alto, de espalda amplia, cabello oscuro peinado hacia atrás y una presencia tan pesada que parecía apagar el ruido a su alrededor.

Sus ojos no fueron crueles.

No la recorrieron de arriba abajo.

No hicieron esa mueca horrible de los hombres que creen que abrazar a una mujer grande es un sacrificio.

Solo la miraron.

Con atención.

—Mírame —dijo él.

No levantó la voz.

No hizo falta.

Renata levantó la cara.

—¿Quién es tu ex?

Ella tragó saliva.

—El de traje azul marino. El que está con la rubia. No deja de mirarme.

El hombre no volteó enseguida.

Primero observó los ojos húmedos de Renata, sus dedos temblando y esa vergüenza vieja que se le notaba hasta en los hombros.

—¿Qué te hizo?

Renata soltó una risa pequeña, rota.

—Me convenció de que mi cuerpo era una disculpa.

Algo cambió en él.

No fue enojo explosivo.

Fue peor.

Una calma helada.

De esas que dan más miedo que un grito.

El desconocido dejó su copa sobre la charola de un mesero y tomó la mano de Renata con una firmeza tranquila.

—Entonces esta noche no vas a pedir disculpas.

La llevó al centro del salón.

La orquesta tocaba un bolero suave.