Sus dedos se cerraron sobre el papel antes de darse cuenta de lo que hacía.
—¿Por qué…?
La mujer se inclinó hacia ella. Y en ese instante, todo cambió. Su voz se convirtió en un susurro.
—Vuelve en tres días… te espera una sorpresa.
Estaba petrificada. ¿Una sorpresa? ¿Después de todo aquello? No tuvo tiempo de preguntar nada más. La mujer ya se había dado la vuelta y caminaba de regreso a la casa, como si nada hubiera pasado.
Capítulo III: Una noche llena de pensamientos
Esa noche casi no durmió. Los niños, agotados, se durmieron a su lado en el viejo sofá de una amiga. Se quedó mirando al techo. Aquellas palabras resonaban en su mente.
—Vuelve en tres días…
¿Qué significaba? ¿Qué quería realmente esa mujer? ¿Era una trampa? ¿Otra humillación? ¿O… algo diferente?
A la mañana siguiente, por fin abrió el sobre. Le temblaban las manos. Dentro… había dinero. Muchísimo dinero. Lo contó dos veces. Diez mil euros. Le faltó el aire.
«¿Por qué un desconocido… haría algo así?»
¿Por qué la amante de su marido ayudaba a la mujer a la que acababa de reemplazar? Nada tenía sentido. Y sin embargo… en el fondo, una vocecita empezó a susurrar:
¿Y si… esta historia no es lo que parece?
Capítulo IV: Enfrentando la decisión
Durante los siguientes días esperó, y el tiempo pareció transcurrir eternamente. Cada hora se sentía como una eternidad. Vacilaba entre el miedo y la esperanza. Entre la sospecha y la curiosidad.
Sus hijos le preguntaron:
«¿Vamos a casa?»
No supo qué decir. Porque para entonces ni siquiera sabía qué significaba «casa».
El tercer día llegó más rápido de lo que esperaba. Y fue más pesado de lo que había imaginado.
Se detuvo frente a aquella puerta. La misma puerta que le habían cerrado en la cara. El corazón le latía con tanta fuerza que sentía que iba a estallar. Levantó la mano. Dudó. Luego llamó.
Silencio.
Unos segundos. Parecieron una eternidad. La manija giró. La puerta se abrió lentamente…
Y lo que vio dentro… la dejó completamente sin palabras.
Capítulo V: La sorpresa
En el umbral no solo estaba su marido, sino también una multitud. Se encontró en medio de una fiesta a la que no había sido invitada. Todos sus amigos estaban allí, su familia… y un ambiente de alegría que la dejó atónita.
Por un instante, intentó comprender aquella locura.
«¿Qué significa todo esto?», exclamó, incapaz de ocultar su asombro.
Entonces su marido, sonriendo, se acercó con flores en las manos.
«Te sorprendí, ¿verdad? Fue una decisión que no pude tomar entonces».
No podía creer lo que oía. Miró rápidamente el sobre que aún sostenía en sus manos. ¿Acaso era solo una forma de obligarla a cargar de nuevo con el peso de su relación?
«Encontré la manera de reparar nuestro matrimonio. De compensar lo que te hice».
Pero solo tenía un pensamiento en mente:
¿Y si esa sorpresa era solo otro engaño?
Era una historia interminable…