—Te lo dije desde el principio, Ale —susurró con esa voz suave que antes la hacía sentirse segura—. Antes de mí no eras nadie.
Ella tragó saliva.
—Eras una huérfana sin apellido, sin contactos, sin un peso. Y ahora regresaste exactamente al mismo lugar.
Fernanda soltó una risita baja.
Ricardo acercó más la boca a su oído.
—A ver cuánto sobreviven tú y esa bebé sin mi dinero.
Alejandra cerró los ojos.
—No creo que aguanten mucho.
Él se enderezó, satisfecho.
Fernanda tomó su brazo como si acabaran de ganar una apuesta.
Los 2 caminaron hacia la puerta con paso elegante, seguros de que habían dejado a Alejandra hecha polvo.
Pero antes de salir, una voz temblorosa llenó la sala.
—¿Alejandra?
Ricardo se detuvo.
Alejandra levantó la vista.
Una mujer mayor estaba junto a la puerta.
Cabello plateado perfectamente peinado.
Abrigo azul marino.
Aretes de perla.
Manos temblando.
Y los ojos llenos de lágrimas.
Alejandra frunció el ceño.
—Perdón… ¿nos conocemos?
La mujer dio 2 pasos hacia ella, como si tuviera miedo de que la realidad se rompiera.
—No, mi niña —dijo con la voz quebrada—. Pero yo conocí a tu mamá.
A Alejandra se le heló la sangre.
—Mi mamá murió cuando yo tenía 6 años.
La mujer negó despacio.
Las lágrimas le bajaron por la cara.
—No, corazón. Tu mamá no murió.
Ricardo se giró por completo.
Fernanda abrió la boca.
La mujer sacó una fotografía vieja de su bolso.
En la imagen aparecía una joven cargando a una bebé envuelta en una cobija rosa.
La bebé tenía una pequeña marca de nacimiento junto a la clavícula.
La misma que Alejandra había tenido toda la vida.
—Tu madre te ha buscado durante 19 años —dijo la mujer—. Nunca te abandonó. Te arrebataron de sus brazos.
Alejandra sintió que el juzgado giraba.
—¿Qué?
La mujer señaló hacia el pasillo.
Y ahí, detrás de la puerta, rodeada por 3 abogados, estaba una mujer alta, elegante, con el mismo rostro de Alejandra envejecido por el dolor.
Cuando vio la panza de su hija, se llevó una mano al pecho.
Luego entró llorando y susurró las 6 palabras que dejaron a todos mudos:
—Por fin encontré a mi niña.