PARTE 2: Sofía bajó la cortina metálica de golpe y se metió en la bodega con el corazón golpeándole las costillas.
Afuera, una camioneta negra avanzó lentamente entre los pasillos. Se detuvo muy cerca. El motor siguió encendido.
Sofía se arrodilló en la oscuridad, dejando apenas una línea de luz bajo la puerta.
Pasos.
Luego una voz masculina, calmada, peligrosa.
—Señorita Aguilar, no queremos hacerle daño. Solo queremos hablar.
Ella apretó el sobre contra el pecho.
Otra voz habló, más dura.
—Su mamá la metió en algo que no le convenía.
Sofía abrió el sobre con los dedos temblando.
La nota era corta, escrita con la letra firme de Carmen.
Sofía: si alguien te siguió hasta aquí, no confíes en la policía, ni en Richard Hale, ni en nadie de Lawson Capital. Toma la carpeta roja y sal por atrás. Perdóname. No tuve otra forma.
Richard Hale.
El mismo hombre que esa mañana la había abrazado frente a la tumba.
El mismo que le dijo: