Al final del pasillo donde se ubicaban los personajes.
Michał.
Sangre en su camisa.
Una pistola en su mano.
Apuntaba a Lily.
El teléfono se me resbaló de las manos.
Rebecca siguió gritando por el altavoz.
«¡Sarah, corre!».
Michał dio un paso hacia mí.
Y entonces Lily añadió sus ojos.
Qué vergüenza.
No como una Niño asustado.
Como si alguien lo reconociera.
«Papá», susurró ella.
Michał se quedó paralizado.
Yo también.
El agua que surgió de la oscuridad tras él siguió a otra voz.
La voz de mi madre.
«Pecado».