"¿Sarah?"
Me temblaron las piernas.
Reconocí esa voz.
Llevo dieciséis años con esa enfermedad en mis sueños.
"¿Mamá?"
Michael me miró fijamente. La mujer respiraba suavemente.
"Mi hermosa niña."
Empecé a llorar.
"No. Estás muerta."
"Quería volver."
"Estás muerta."
"Lo siento."
"¿Dónde estás?"
No respondió.
"¡Mamá!"