Una mujer cercana a los 100 años trabaja en una clínica oncológica de Moscú, donde continúa atendiendo a sus pacientes con admirable vitalidad. Esta veterana profesional no solo ha diagnosticado innumerables casos de cáncer, sino que también comparte su sencillo pero eficaz secreto: evitar ciertos productos cotidianos.
Su infancia estuvo marcada por la pobreza.
Nacida en 1924 (o, según algunas fuentes, en 1925) en la región de Smolensk, su infancia estuvo marcada por el hambre. Su familia, con escasos recursos, sobrevivía con lo que encontraba: desde cáscaras de patata hasta hierbas silvestres. La guerra agravó aún más estas dificultades.
Durante la evacuación, siendo una joven enfermera, observó con preocupación que quienes consumían principalmente pan blanco, azúcar y conservas desarrollaban cáncer más rápidamente que quienes se alimentaban con comida sencilla del campo.
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