PARTE 2
Entré en el banco empapado por la lluvia, sosteniendo el folleto dentro de una bolsa de plástico.
"Buenos días", dijo el dependiente. "¿En qué puedo ayudarte?"
"Mi abuela falleció", dije. "Me dejó esto."
La mujer abrió el cuadernillo, escribió algo... Luego se quedó paralizado.
Volvió a comprobarlo.
"¿Eres pariente de Carmen Torres de Méndez?"
"Soy su nieta."
Su expresión cambió.
"Por favor, no te vayas."
Se me encogió el corazón.
Llamó a alguien. Se reunieron más empleados.
"El equipo legal necesita ser notificado", susurró.
"¿Legal?" Pregunté. "Solo quiero saber si la cuenta existe."
"Sí," dijo en voz baja. "Pero... No debería parecer así."
La directora de la sucursal, Teresa Marín, me llevó a una oficina privada.
"Esta cuenta fue declarada cerrada hace dieciocho años", dijo.
Se me encogió el estómago.
"¿Así que está vacío?"
"No", respondió ella. "Fue congelado por orden de tu abuela."
Giró la pantalla hacia mí.
Números llenaban la página.
Más de lo que podía procesar.
"Tu abuela tenía inversiones, propiedades y un fideicomiso. El valor actual supera los cincuenta millones de pesos."
No podía moverme.
"Vivía como si no tuviera nada..."
"Algunas personas esconden su riqueza cuando temen que se la quiten."
Mi pulso latía con fuerza.
"¿Alguien intentó quitárselo?"
Teresa dudó.
"Sí. Varias veces."
Abrió otro archivo.
"Alguien lo ha intentado de nuevo hoy."
"¿Hoy?"
"Usaron un poder notarial fechado después de su muerte."
Se me helaron las manos.
Mi padre no se había burlado de ella.
Intentó robarle.
Hasta el final.
En ese momento, llegó el señor Herrera.
"Lucía", dijo. "Tu abuela te dejó esto."
Dentro del sobre había una carta:
Si estás leyendo esto, Roberto ya ha intentado engañarte. No tengas miedo. Todo lo que quería tomar está protegido. La evidencia está en la caja fuerte.
La caja fuerte fue abierta.
Dentro había documentos, grabaciones, contratos—prueba de todo.
En la parte inferior, un sobre rojo.
"Por Lucía, cuando esté lista."
Dentro: una denuncia legal, ya preparada.
Fue entonces cuando me di cuenta—
Mi abuela no me dejó dinero.
Me había dejado una pelea.