Isaiah Mitchell se despertó cada mañana antes del amanecer, no porque fuera disciplinado, sino porque el sueño había dejado de darle mucho.
Su ático daba al lago Michigan, y en las mañanas claras el agua captó la luz tan perfectamente que se parecía menos a un lago y más a una lámina de oro martillado.
A otras personas les encantó la vista s.