Lo dejaste sonar una vez. Dos veces. Tres veces.
Entonces respondiste.
“Oye,” dijo, casual, casi alegre. – ¿Cómo estás?
Por un segundo surrealista casi admiras la actuación.
– Dime -dijiste-.
El silencio.
Entonces: “¿Qué significa eso?”
Te paraste junto a la ventana del hotel mirando a los aviones descendiendo en la distancia, plateado y lento contra el cielo oscuro.
“Significa que la policía se llevó nuestro colchón”.
Otro silencio, más pequeño esta vez pero mucho más fuerte.
—Ana —dijo con cuidado—, ¿qué hiciste?
¿Qué hiciste?
No es lo que encontraste.
No estás bien.
¿No es por qué la policía está en mi casa