Compré una mansión frente al mar para mis padres por su 50 aniversario. Pero cuando llegué, mi madre lloraba, mi padre temblaba y mi cuñado gritaba: “Esta es mi casa, ¡lárguense!” Entonces entré yo.

Compré una mansión frente al mar para mis padres por su 50 aniversario. Pero cuando llegué, mi madre lloraba, mi padre temblaba y mi cuñado gritaba: “Esta es mi casa, ¡lárguense!” Entonces entré yo.
PARTE 2: Mauricio fue el primero en reaccionar.
Se acomodó la camisa, levantó la barbilla y fingió una sonrisa, como hacía siempre en las comidas familiares cuando quería parecer más importante que todos.
—Diego, llegaste en mal momento.
—No —respondió Diego—. Parece que llegué en el momento exacto.
Beatriz dejó la copa sobre la barra con tanta fuerza que el cristal sonó contra el mármol.
—No vengas a hacer drama. No sabes lo que está pasando.
Diego miró a su madre. Elena tenía los ojos hinchados y una marca oscura alrededor de la muñeca. No era un golpe enorme, pero sí lo bastante claro para entender que alguien la había sujetado con fuerza.
Rafael intentó enderezarse.
—Hijo, no queríamos problemas.
Mauricio soltó una risa seca.
—El problema es que 2 viejos están ocupando una casa que no pueden mantener, mientras su hija y sus nietos necesitan estabilidad.
—¿Estabilidad? —preguntó Diego.