Mi primer pensamiento no fue científico. Fue pánico.
Enseguida pensé en las peores explicaciones posibles: una araña mutante, un insecto tropical asesino, una criatura venenosa o algo que definitivamente no debería haber estado en mi casa. Retrocedí lentamente, sin perderla de vista. Cuanto más la miraba, más extraña me parecía.
Su cuerpo era pequeño pero aterrador, casi como un escudo amarillo con marcas negras. Largas espinas curvas brotaban de sus costados, haciéndola parecer mucho más peligrosa de lo que realmente era. Parecía como si la naturaleza la hubiera diseñado específicamente para asustar a la gente.
Después de unos minutos, la curiosidad venció al miedo. Me acerqué lentamente, esperando que saltara. No lo hizo. Le tomé una foto y se la envié a algunos amigos.
Las respuestas no se hicieron esperar.
"No la toques."
"Prende fuego al garaje."
"Parece venenosa."