Nadie quería darle trabajo.
Cuando presentó sus documentos en la mansión, todos quedaron sorprendidos.
—¿Pretende que confiemos en alguien con esos antecedentes? preguntó uno de los administradores.
Pero Paula no discutió.
Simplemente respondio:
-Solo necesito una oportunidad.
Esteban, cansado de los cuidadores que renunciaban a los pocos días, aceptó contratarla.
Un comienzo lleno de conflictos
Desde el primer día quedó claro que aquella convivencia sería complicada.
Esteban era agresivo con las palabras.
Se negaba a colaborar con los tratamientos.
Rechazaba la comida.
Dormía durante el día y pasaba las noches consumido por el resentimiento.
Muchos pensaron que Paula abandonaría el empleo antes de terminar la semana.
Pero ocurrió exactamente lo contrario.
Ella no respondía a los insultos.
No levantaba la voz.
Simplemente seguía trabajando.
Un método que nadie entendía
Con el paso de los días comenzó a introducir pequeños cambios.
Estableció horarios estrictos.
Retiró todos los lujos innecesarios que mantenían a Esteban completamente dependiente.
Lo animó a realizar cada movimiento que aún podía hacer por sí mismo.
No aceptaba excusas.
Cuando él decía que era imposible, Paula respondía con tranquilidad:
—Lo imposible solo tarda un poco más.
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