Tras 50 años de matrimonio, pedí el divorcio, pero la carta que me dejó lo cambió todo.

Puedes extrañar a alguien a quien decidiste dejar.

El divorcio no borró cincuenta años. No borró las risas, el nacimiento de los hijos, los viajes que hicimos juntos, ni todas las veces que nos apoyamos mutuamente.