Parte 2:
Cuando el avión alcanzó la altitud de crucero y las luces de la cabina se atenuaron, entré en la cocina y apoyé ambas manos en el mostrador. Mis dedos temblaron brevemente antes de que el entrenamiento tomara el control.
"Mara... ese era tu marido, ¿verdad?" preguntó Hannah en voz baja.
"Sí", respondí. "Y él vola a Madrid con ella usando el dinero que le ayudé a conseguir."
Me entregó el informe de la transacción. Dos billetes de clase business. Catorce mil dólares. Cargado a la tarjeta corporativa de nuestra empresa.
La misma empresa que yo había ayudado a construir. El mismo que yo mismo había garantizado con mi propio crédito.
Más tarde, empujé el carrito de servicio dentro de la cabina. Adrian evitó mirarme. La mujer a su lado seguía aferrada a su confianza.
"Disculpe", dijo con naturalidad. "Traednos el Krug. Estamos celebrando."
Abrí el champán y lo serví con calma.
"Enhorabuena", dije. "¿Esto es por el aumento de la línea de crédito corporativo? ¿El que tu esposa garantizó personalmente?"
La mujer se quedó paralizada a mitad de movimiento.
"¿Qué te garantizó tu esposa?"
La expresión de Adrian se tensó.
"Mara... No hagas esto aquí."
"Tienes razón", dije con calma. "Este es mi lugar de trabajo. Disfruta del vuelo mientras puedas."
Más tarde, durante mi descanso, me conecté al Wi-Fi del vuelo y envié un mensaje a un abogado. Documenté todo: su presencia, los cargos, el mal uso de fondos de la empresa.
La respuesta llegó rápido.
"Mantén la calma. Reúne todo lo que puedas. Yo me encargaré del resto."
En ese momento, algo dentro de mí se calmó.
No era solo una esposa traicionada.
Estaba preparando pruebas.