PARTE 2: Rogelio se puso de pie tan rápido que su silla rechinó contra el piso.
—¡Lárgate de mi casa! ¡Y llévate a esa niña chillona!
Sofía escondió la cara contra el pecho de su madre.
Valeria no gritó. No lloró. Solo tomó su bolso del respaldo de la silla y caminó hasta el centro del comedor.
—Me voy a ir —dijo—. Pero antes tengo un asunto laboral urgente.
Karla soltó una carcajada.
—¿Laboral? ¿Vas a despedir a la señora que limpia tu departamento rentado?
Valeria miró a Eduardo.
—Tu esposo trabaja en Grupo Aurora Global, ¿verdad? Director regional de ventas para México y Centroamérica.
Eduardo levantó la barbilla.
—Así es. Y tú no tienes idea de lo que eso significa.
—Entonces contesta cuando suene tu teléfono.
—¿Por qué?
—Porque va a llamarte la oficina de la presidencia ejecutiva.
La mesa volvió a reír, aunque esta vez con menos seguridad.
Valeria desbloqueó su celular encriptado y marcó un número privado. Lo dejó sobre la mesa, junto al pavo, como si acabara de poner una bomba.
Sonó 2 veces.
—Presidencia de Grupo Aurora Global —respondió una voz femenina—. Línea segura activa.
El silencio cayó pesado.
—Lucía —dijo Valeria—, ejecuta Protocolo Cero sobre la cuenta Solares-Bennett. Inmediato.
—Entendido, presidenta.
Eduardo dejó de sonreír.
Valeria continuó:
—Y activa la cláusula de terminación inmediata del empleado Eduardo Bennett. Motivo: conducta indigna de un representante ejecutivo, abuso familiar presenciado y falta grave de criterio. Vigencia: ahora.
Karla se levantó.
—Esto es ridículo. Seguro pagaste una actriz.
Pero el celular corporativo de Eduardo empezó a sonar con una alerta roja que nadie en la mesa había escuchado antes.
Él contestó con la mano temblando.
—¿Bueno?
La misma voz habló desde su aparato.
—Señor Bennett, habla la oficina de la presidencia ejecutiva. Su acceso a servidores ha sido revocado. Sus tarjetas corporativas quedan congeladas. El vehículo Audi Q8 asignado a su puesto será recuperado esta noche. Su contrato queda terminado.
—¿Terminado? —gritó Eduardo—. ¡Mis números están arriba! ¡Yo soy de los mejores!
—La instrucción viene directamente de la presidenta.
—¡Yo ni siquiera conozco a la presidenta!
Hubo una pausa.
—Está usted mirándola. Valeria Cárdenas de Montes está a 2 metros de usted.
El celular se le resbaló a Eduardo y cayó dentro de su plato.
Nadie respiró.
Mercedes miró a Valeria como si acabara de abrirse el piso.
—¿Presidenta…?
—No —respondió Valeria—. Yo soy la inútil que no sabe vestirse, ¿recuerdas?
Karla cambió de color.
—Valeria, espera. Fue una broma. Podemos comprarle otro vestido a Sofía. De diseñador. El que quiera.
Valeria miró a su hija en camiseta y mallas.