Mi suegra me rompió el vestido de la cocina… sin darse cuenta de que mi marido vivía del dinero que ganaba.

Por respeto.

Esa noche, llegó a casa.

La cocina ya no parecía un campo de batalla. Reemplazó las lámparas, la mesa y las cortinas. En una de las paredes, al lado del armario, enmarcó un pequeño pedazo del vestido desgarrado.

Los que lo vieron pensaron que era arte.