"Tu departamento fue señalado esta mañana."
Su sonrisa desapareció.
La voz de Caleb se tensó. "¿Marcado?"
Metí la mano en mi bolsa y saqué una pequeña memoria USB. Sus ojos se fijaron en él.
"¿Qué es eso?" susurró.
"La parte de mí que subestimaste."
Caleb se lanzó a por ella, pero seguridad le detuvo al instante.
Un suspiro llenó la habitación.
"¡Suéltame!" soltó.
Me acerqué. "No, Caleb. Esta vez, escucha."
Su rostro se torció. "Tú planeaste esto."
"Planeabas dejarme con tus deudas y llevarte todo."
Mara palideció. "Eso no es cierto."
Me giré hacia ella. "No deberías enviar amenazas desde un portátil de la empresa."
Susurros se extendieron por la sala.
Caleb forzó una risa. "Esto es ridículo. Una esposa celosa—"
Adrian levantó la mano. Cayó el silencio.
"Hace tres días", dijo con calma, "mi equipo legal recibió pruebas de fraude, falsificación, acoso, intentos de soborno y malversación de fondos de la empresa relacionados con ambos."
Mara susurró: "Caleb..."
"Cállate", espetó.
Ese momento lo reveló todo.
Una mujer dio un paso adelante: la asesora legal de Vale Holdings.
"Caleb Rowan", dijo, "tu empleo queda terminado inmediatamente. Toda indemnización queda anulada. Cooperaremos con las autoridades."
Entraron agentes de policía.
El pánico reemplazó su confianza. "Evelyn, diles que esto es un error."
Recordaba cada insulto, cada desprecio, cada vez que me llamaba inútil dependiendo de mi trabajo.
"No", dije. "Lo entiendo perfectamente."
Se lo llevaron.
Mara se derrumbó. "No lo sabía todo."
"Sabías lo suficiente", dije en voz baja.
"Mi abogado se pondrá en contacto contigo."
Caleb fulminó a Adrian con la mirada. "¿Haces esto por ella?"
La voz de Adrian era firme. "No. Tú te lo has hecho tú mismo."