PARTE 2: A las 4:17 de la madrugada, Don Ernesto dejó de sentir sueño.
La casa estaba callada. Había vasos sucios en la sala, platos apilados, servilletas tiradas, una mancha de mole en el mantel que Clara había bordado a mano.
Pero él seguía frente a la laptop.
Había sumado 4 veces.
Luego 5.
No porque dudara de sus cuentas.
Sino porque no quería aceptar lo que veía.
En 4 años, Ricardo y Mariana habían gastado 3,280,000 pesos de su dinero.
Gasolina.
Restaurantes.
Ropa.
Celulares.
Reparaciones de un coche que ni siquiera estaba a su nombre.
Viajes a Cancún que presumieron como “regalo de aniversario”.
Consultas médicas falsas que terminaron siendo tratamientos estéticos.
Compras en tiendas de lujo.
Retiros de efectivo.
Cargos pequeños, constantes, silenciosos.
Como termitas comiéndose una casa desde dentro.
Pero el número que le heló la sangre fue otro.
685,000 pesos.