Sonreía en las fotos de la boda. Preparaba los almuerzos escolares. Me besaba la frente antes de ir a trabajar.
Pero el hombre al que amaba era solo un papel que interpretaba, hasta la noche en que mi hermana me llamó. Y gracias a eso, mi hijo y yo vivimos lo suficiente como para salir de esa casa con nuestros nombres reales.