Huyó a Mazatlán para olvidar a su ex… pero la encontró en la playa con 2 gemelos de sus mismos ojos: “¿Tú eres nuestro papá?”

PARTE 2: Alejandro llegó al Café La Gaviota 40 minutos antes.
Eligió una mesa junto a la ventana, desde donde se veía el puerto y las lanchas moviéndose despacio bajo el sol. A su alrededor, la vida seguía como si nada: una madre limpiaba chocolate de la boca de su hijo, un abuelo partía una concha por la mitad, una pareja discutía en voz baja sobre la escuela de sus niños.
Cada escena le parecía una acusación.
A las 12 en punto, Elena entró.
Llevaba una blusa verde claro, el cabello recogido y la expresión de alguien que había llorado antes de salir de casa, pero decidió no quebrarse en público. Se sentó frente a él sin saludar.
—Les dije la verdad esta mañana —dijo.
Alejandro apretó las manos bajo la mesa.
—¿Qué les dijiste?
—Lo que podían entender. Que tú y yo nos quisimos mucho. Que no sabías de ellos. Que no fue culpa suya.
—¿Y qué dijeron?
Elena soltó una risa triste.
—Diego preguntó si sabías reparar bicicletas. Lucía preguntó si te gustan los hot cakes.
Alejandro bajó la cabeza. El dolor le subió hasta la garganta.
—Elena, yo…
—No empieces con promesas grandes —lo interrumpió ella—. Necesito la verdad, Alejandro. No culpa. No frases bonitas. La verdad.
Él asintió.