Entré a la audiencia de divorcio con mi hija de cuatro meses dormida en brazos, justo cuando mi esposo millonario estaba a punto de firmar un documento que me excluía de su vida. Todos me miraron como si fuera una vergüenza… hasta que la bebé abrió los ojos. Entonces Santiago dejó la pluma. Mi padre no se sorprendió. Simplemente murmuró: «Te dije que no la trajeras».